El Estadio Azteca recibirá por tercera vez en su historia la inauguración de una Copa del Mundo. Un hecho sin precedentes en el fútbol mundial.
México está haciendo historia. Ser sede de un Mundial conlleva una enorme responsabilidad: social, deportiva y cultural. Los ojos del planeta entero están puestos sobre el país, hoy y en los días que vienen. Ahora bien, imaginemos por un momento lo que significa ser anfitrión de tres Copas del Mundo.
Es momento de recordar los momentos más trascendentes que han quedado grabados en la memoria colectiva del fútbol. El primer Mundial disputado en tierras aztecas, en 1970, contó con un Pelé de 29 años que lideró a la mejor Brasil de la historia rumbo a su tercer título mundial, el último que levantaría en su carrera. Viajando 16 años al futuro, en el Mundial de 1986 llegó la segunda estrella para Argentina con Diego Armando Maradona como protagonista absoluto. Fue en esa justa donde el "10" inmortalizó aquella jugada polémica contra Inglaterra —marcada con la mano, pero validada por el árbitro— que se convirtió en símbolo de algo más grande que un partido. Hoy, 40 años después, aunque la batuta es compartida con Estados Unidos y Canadá, y la final no se disputará en suelo mexicano, México vuelve a ser parte de la historia: 96 años después del nacimiento del torneo más importante del mundo.
En total, México albergará 13 partidos distribuidos en tres sedes, con encuentros desde la fase de grupos hasta los octavos de final:
- Ciudad de México (Estadio Azteca): 5 partidos (partido inaugural, dos juegos de fase de grupos, un partido de dieciseisavos y uno de octavos de final).
- Guadalajara (Estadio Akron): 4 partidos (todos de fase de grupos, incluyendo el segundo partido de la Selección Mexicana y el atractivo duelo Uruguay vs. España).
- Monterrey (Estadio BBVA): 4 partidos (tres de fase de grupos y uno de dieciseisavos de final).
